La artista
Diana:
Gracias por hacernos partícipes de esta ocasión tan especial. Gracias por permitirnos expresarte en estas pocas líneas nuestro inmenso amor, aquel que nació en el instante que empezaste a alumbrar nuestras vidas. Era el punto de quiebre entre la noche y la madrugada cuando anunciaste tu llegada, tenías prisa. Así, pronto te tuve en mis brazos, sintiendo tu sonoro llanto y tus ojos pugnando por abrirse. Y es que contigo tenía que ser diferente, no era el frío ambiente de un hospital, era la dulce calidez de nuestra casa donde tenías que posar tus primeras miradas, miradas de extrañeza y asombro ante un mundo nuevo por explorar.
Tus primeros años fueron experiencias inolvidables, tenías una curiosidad inacabable por descubrir nuevas cosas, tantear caminos diferentes, llegar a límites insospechados y luego reír, con la satisfacción de haber logrado tus propósitos y con la ilusión de empezar de nuevo. Poseías una imaginación creativa, desbordada a veces, en tus juegos, en tus garabatos, en tus palabras, que hacía que fueras diferente.
Vinieron luego los años escolares, llegaron otras amistades y la inmensa posibilidad de ir descubriendo cada día nuevos conocimientos, persiguiendo siempre llegar a los confines de tus sueños y fantasías, para luego intentarlo otra vez. Te encantaba plasmar en tus tareas y en tus dibujos tu forma particular de ver el mundo y, sobre todo, de sentirlo.
Cuando llegó el momento de elegir opciones para llenar tus expectativas de vida, inicialmente fueron los trazos, cálculos, maquetas y planos los que supieron de tus inquietudes y desvelos, pero, claro, sentías que necesitabas algo más para expresar con mayor libertad tus sentimientos, tus ideas y tu visión del mundo. Buscaste, entonces, en las pinturas, acuarelas, óleos y acrílicos aquello que canalizara mejor tu imperiosa necesidad de expresarte y de mostrar tus sueños, ilusiones, quimeras y todo aquello que rondaba en tu cabeza.
En este empeñoso recorrido, siempre has andado en la búsqueda de algo que revele en forma más cabal el sentido de tu arte. Muchas y varias opciones han merecido tu atención y tus desvelos, dentro de esa libertad que es connatural a todas las artes. Una de ellas, quizás poco explorada en nuestro medio, y, por lo mismo, con una mayor proyección, tiene que ver con el sincretismo, aquella corriente que busca encontrar los puntos de enlace entre la cultura de nuestros ancestros y la cultura que viene de occidente. De ahí que pachamamas, vírgenes, mitos, procesiones, cristos, apus, han poblado tu cabeza y se han ido plasmando en bellas e incomparables imágenes, a través del vuelo de tu imaginación y de la magia de tus manos.
Sabes por supuesto que, más allá de este empeño dialéctico de búsquedas y encuentros en el campo del arte, lo que está en juego, además, es la creación y fortalecimiento de una identidad nacional, absolutamente indispensable para forjar, realmente, una nueva noción de desarrollo del hombre y la sociedad peruanos, en todos los campos. He ahí la importante contribución de tu obra y por lo cual nos sentimos orgullosos tus padres y tus hermanos. Gracias por hacernos compartir tus logros.
José S. Bedoya y famila
