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“ROSTROS Y RASTROS DEL PERU”

El motivo principal que genera los trabajos de Diana Bedoya Juárez, son las cualidades y calidades de la cultura peruana y su cuestionamiento acerca de la identidad y el rol que todo peruano debe asumir, y de la pertinencia que éste tiene dentro del escenario del arte contemporáneo. A pesar de estar sumamente interesada en la velocidad de los nuevos medios de expresión no ha podido desligarse – para bien- del buen oficio técnico y conocimiento de la realidad peruana, que sigue siendo el modo más certero para comunicarse y generar “discursos” plásticos, representando ésta la identidad como artista, ya que dentro de éste ha de plantear sus inquietudes. Recurriendo a los personajes y rituales para recrear experiencias personales, intentando abordar el conocimiento de la historia humana a través de la propia visión de la realidad, teniendo un mar de proyectos dominado por una montaña de pinceles, a fin de contar con una infinidad de temas a tratar.

Trabaja para si misma sin prestar ninguna atención a la acogida del público, sin embargo ganó el año pasado el segundo premio nacional en la técnica de la acuarela. Además de pintar asuntos de lo cotidiano, también realiza una serie de trabajos experimentales con materiales de tecnología moderna, buscando un resultado expresivo por intermedio del mismo material, con resultados fantásticos y a veces curiosos, aventurándose e indagando en los abismos de la propia imaginación. No obstante las pinturas de Diana Bedoya son también un reflejo de una generación de artistas jóvenes femeninas que buscan en la identificación de lo nacional, el sustento ideológico de su obra.

Cada obra representa una suerte de testimonio, donde los elementos pictóricos y personajes se enfrentan al mundo común y corriente. Estos personajes son siempre representados con un efecto difuso – caso de las procesiones o fiestas- logrado por la notoria textura a manera de relieve con el medio oleaginoso. Lo importante es cómo el artista expresa el sentido de la superficie y masa, cómo realiza la composición general, cómo distribuye el espacio vacío y los cuerpos sólidos, el movimiento y el ritmo, a fin de producir una sensación de unidad. La artista Diana Bedoya utiliza el empaste para sus trabajos, sin embargo resulta delicado, y graciosamente luminoso y encantador. Cada aspecto y cada pincelada reflejan una índole especial de encanto a manera de golpes y estocadas como filosas espadas, todo ello con delicada disposición.

Utiliza también como “material” los referentes más cercanos (amigos, lugares, experiencias banales) va desarrollando un imaginario que le permite construir un escenario o espacio gráfico que ilustra su relación con el entorno. Estas obras están cargadas de afecto, son realmente visiones subjetivas de situaciones que pasan a formar parte de una suerte de diario de vida. En cada escena se plantean las formas en que es posible materializar la comunicación, la confesión, la explicación, desde el artista al espectador.

El trabajo de producción de cada obra es meditado, a través de un trazado conciso va explorando los límites de la técnica intentando controlar el nivel expresivo de los elementos, aprovechando quizá el error como signo de espontaneidad creativa.

Ésta muestra viene a ser un ejemplo digno de la tenacidad de las artistas femeninas de la localidad, que superando dificultades propias del medio y género nos hacen ver un concepto pleno de vida.
Por todo ello la autora de estas obras cumple una encomiable labor del temperamento plástico femenino y un canto de amor y devoción a nuestros antepasados que crearon un mundo estético único.

A juzgar por la calidad de esta muestra uno puede observar la sinceridad guiada tan sólo por su instinto y perseverante oficio asumido con honestidad, sapiencia y sensibilidad, por cierto novedoso y grato. Por todo ello, le deseo parabienes en su vida artística.

Carlos Ticona
Artista Plástico
Arequipa, mayo del 2008